prohibido ingresar con cámaras fotográficas

Con mi amigo Juan Faraone llegamos a ser fotógrafos de rock. Nos dedicamos a eso durante toda la década de los ochenta y nuestra adolescencia. Buscábamos un objetivo, un propósito. Queríamos sumar. Esperanza. Ilusión. Ganas. Amistades irrompibles. Entramos en la fotografía apasionados por el hecho de dejar un documento, un punto de vista sobre la escena musical y social que habitábamos.

Empezamos a registrar, con unas camaritas 110, que tenían los negativos bien chiquitos y que salían siempre todas oscuras, todo mal. Después, a través de una cámara de visor fijo que pudo traer el viejo de Juan desde Italia. Un mismo negativo se usaba muchas veces y se velaba, o las fotos salían mal impresas. Nos daba mucha frustración. Me acuerdo de la presentación que Charly hizo de Piano Bar en el Luna Park. Pudimos conseguir una sola foto, que quedó toda sobreimpresa, parecía un collage.

Teníamos una metodología: Durante la semana revelábamos las fotos y hacíamos copias para regalárselas a nuestros amigos, o intercambiar o vender a las salidas de los shows para, con esa plata, volver a invertirla en más rollos, negativos 35mm para poder volver a otros recitales al siguiente fin de semana y sacar más fotos. Teníamos muy en claro que el foco no estaba puesto en lo comercial.

Treinta años después, mi amiga Giuliana me ofreció digitalizar el material y viéndolo me resulta increíble lo que hicimos, sobre todo por la ternura y las ganas. Fue a raíz de eso que nació la vinculación con Divagario, ver si podíamos hacer algo juntos y este es el resultado.  Rescatamos los negativos originales para que estas fotos cuenten otras historias, y completen la visión de una Buenos Aires con un enorme movimiento cultural, en la que en el mismo fin de semana tocaban algunos de los mejores músicos del siglo.

Fotos: Gabriel Patrono y Juan Faraone

Digitalización: Giuliana Trucco

Producción: Lautaro Aledda, Juan Ignacio Sanchez, Manuel Perez Vizan

ROLLO I

SECCIÓN A

“Teníamos un plan: capturar la magia del show en una foto y armar una banda de rock.”

SECCIón B

En principio, los primeros años de la democracia, sobre todo durante 1983 y 1984, la música no era solamente música, era una herramienta más para comprender y acompañar un cambio social y cultural profundo. Me animaría a decir más: La música fue esencialmente el vehículo que nos permitió a entender ese cambio. Y también la que nos permitió aportar y participar generacionalmente.

ROLLO II

SECCIÓN A

“Con la llegada de la democracia empezamos a grabar canciones de la radio en cassettes TDK, intercambiar revistas y al poco tiempo recibimos la maravilla del walkman, el alquiler de VHS, y las escapadas a Radio del Plata a presenciar programas en vivo”

SECCIón B

El momento más glorioso fue a mediados de los ochenta, cuando confluyó todo: Los grandes del tango y el folklore se acoplaban a quienes hacían historia desde los setenta con el rock, que, a su vez, se cruzaban a los punks, metaleros y pops que recién asomaban. Germen de la escena emergente que revolucionaría los noventa.

Muchas veces íbamos con cámaras, nunca con acreditaciones, ni permisos. Así que las escondíamos en la campera o en alguna mochila. La cámara nos la pasábamos de mano en mano, y de forma constante, así que no sabemos a ciencia cierta, cuáles son las fotos que sacó cada uno. Todas son producto de nuestra amistad.

ROLLO III

SECCIÓN A

“Sin permiso ni acreditaciones, con la cámara escondida entre la ropa y el zoom en el bolsillo de la campera le sacamos una instantánea a nuestro tiempo.”

SECCIón B

Las bandas no llevaban, por lo general, fotógrafos propios. No se los tenía en cuenta como parte de la estructura. Dependían únicamente de los grandes medios: Clarín, Página 12, Tiempo Argentino, Sur. Eran pocos. Con los años nos dimos cuenta que, de muchos de esos eventos, las únicas fotos que circularon son las nuestras.

Igualmente, no teníamos para costear las entradas a todos los shows que íbamos, que eran varios por fin de semana y así que nos quedábamos afuera con toda la gente. Dependiendo del evento, lográbamos entrar en la mitad del show, o en los bises. O aprovechábamos cuando la gente empezaba a retirarse. Siempre queriendo registrar, pero también con ganas de disfrutar, no solo de la música sino de ver a la gente pasar, entusiasmada, hacer amigos, compartir información.

ROLLO IV

SECCIÓN A

“En el 82 empezamos a ir a recitales. Se organizaban en clubes y salas de cine en función trasnoche, compartíamos interminables tardes de proyecciones en Súper 8 de la colección familiar.”

SECCIón B

Todo esto transcurrió entre 1985 y 1992. Después, cada uno se estableció, yo armé mis bandas y más tarde, me avoqué la organización de La Nave de los Sueños. Mi interés fue dirigido a mis propios proyectos de gestión cultural, que fue el camino que mejor encontré para seguir aportando. Seguí yendo a conciertos, pero ya más para disfrutar. Además, en los noventa, emergieron muchos más fotógrafos, mucho mejores, más equipados, que eran re profesionales. Ya no se necesitaba tanto nuestro aporte. Y, como dúo, Juan y yo ya no estábamos trabajando juntos.

Así fue. Con la ayuda de nuestros amigos logramos dejar nuestro aporte. Cientos de fotos sacadas desde el lugar del público, con asombro, curiosidad, equipamientos precarios, y en posiciones incómodas.  Aventuras en shows y noches memorables.

Gabriel Patrono

otros testimonios

La historia oficial de la cultura joven de los ochenta habla de noches largas, de excesos, de anfetaminas y cocaína. En algún punto lo fue al menos para cierta elite de artistas y bohemios de la clase media porteña, de los cuales muchos hicieron historia.

Pero hubo otros ochenta, la de los hijos de la clase trabajadora. La de montones de pibes que vivieron con una intensidad profunda todos los cambios sociales y culturales de la década. Eran los pibes que podían vivir la noche, la locura pero que indefectiblemente a las siete de la mañana tenían que ir a trabajar. Los que invertían parte de esa noche en esperar colectivos que como las pandemias, pasaban cada diez años. Las madrugadas se volvían eternas en avenida Mitre o en Rivadavia hasta llegar a los barrios alejados de la ciudad o al conurbano.

Vivimos los ochenta sabiendo que pasaban cosas excitantes y maravillosas que nos transportaban a nuevos mundos.  Se abría el mundo definitivamente. El muro cayó antes de caer. En el fin de la década ya se empezaba a vislumbrar el cansancio, la sobredosis de estímulos y con ello la búsqueda de algo menos artificioso que esa pop life que cantaba Prince.

Así estábamos muchos corazones ansiosos: buscando, probando, sintiendo, cuando la noticia nos sorprendió a todos: un puñado de músicos de pop y rock que configuraban cierta vanguardia estética se juntaban con una folklorista que trabajaba canciones ancestrales en un margen del mainstream folklórico.

Gustavo Cerati, Fito Páez y Federico Moura, entre otros, grababan junto a Leda Valladares. Eso nos hizo parar las antenas, la escenas consolidadas del tango y el folklore en los ochenta eran formulas agotadas contra las que reaccionaban las nuevas corrientes estéticas. Teníamos que saber que pasaba, todo nos daba indicios de que ahí había algo.

De golpe el disco y una presentación en vivo con todos los músicos que participaron en él. El lugar era al menos insólito. El auditorio de la sede central del Banco de la Nación Argentina. Fuimos con mis amigos Gabi y Copo. La solemnidad arquitectónica de esa casa matriz nos hizo fruncir el ceño apenas entramos. Pero cuando comenzó el show nos dimos cuenta que estábamos viviendo algo histórico, la energía de ese canto primitivo que venía directo de la Pachamama, el cruce con los músicos de la metrópoli, ese abrazo. Como en la presentación de Clics Modernos en el Luna Park, como los primeros shows de Laurie Anderson o Iggy Pop en Argentina o el Obras de Mano Negra, algo pasó y quienes estuvimos presentes no volvimos a ser los mismos.

No llegamos a salir del banco y nos juramos armar una banda. Yo nunca había cantado, mis amigos nunca habían tocado formalmente en una. Después de eso el under, las búsquedas estéticas, la vida nos desparramó por distintos caminos pero ese momento, esa hora de show, fue un big bang para muchos. Tres chicos que cruzaban caminando la Plaza de Mayo para volver a sus pagos vimos como nuestras vidas cambiaban para siempre.

Pablo Montiel


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66 comentarios en “PROHIBIDO/INGRESAR”

  1. Muy bueno estos registros … Desde adolescente (12/13 años ) justo la vuelta de la democracia me incliné por escuchar rock argentino. Y cuando venían los artistas era una revolución en casa para organizarnos para asistir .
    unos de los primeros recitales que fui era el chateau rock…pero recuerdo los show que daba SUMO en el teatro griego de la ciudad de Córdoba …y ver a Luca ingresar por las escalinatas…y luego cantando en el escenario y guardar ese registro en mi retina …Sería buenísimo poder encontrar alguna foto de ese momento vivido y sentido .
    Celebro lo realizado y gracias x compartir

  2. celsa mel gowland

    Hola Gabriel , invalorable colección para la música ! habrá alguna mía por casualidad ? canté en algunos de esos conciertos con esas bandas y no tengo casi registros. Gracias !!

  3. Alejo Rodriguez de Fraga

    Gran laburo. Recuerdo haber ido a muchos shows por esos años, pero, salvo cuatro o cinco, sin registro fotográfico. En algunos casos llevaba el grabador escondido. Estuve por ejemplo en el Obras 87 en el que coincidieron La Torre, Baglietto, Lebón con Patricia Sosa embarazada, si mal no recuerdo. Felicitaciones.

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